sábado, 30 de diciembre de 2017

Mis mejores libros 2017

Apurando las horas para la llegada del nuevo año, desde los blogs y revistas culturales llegan las listas de los mejores libros del año.
Como siempre, tras mirarlas, comprobaremos que la mayoría no los hemos leído o algunos de los citados no han saciado nuestros gustos lectores.
Como sabéis, no leo todo lo que sale como novedad, hay que darle un tiempo prudencial a esos libros, ya que las grandes campañas editoriales muchas veces actuan como falsos profetas.
Por ese motivo, la relación que os pongo, Mis mejores libros 2017, no tendrán nada, pero nada que ver con las que veáis por ahí, pero son historias que me han hecho querer vivir dentro de ellas.
Esta relación incluye alguna novela actual pero sobre todo, grandes clásicos, obras que creo necesario rescatar.

Y poco más me queda por decir. Os deseo desde estas líneas una Feliz Navidad, felices lecturas y prospero año 2018,




Enero.          Los olvidados de Filipinas de Lorenzo Mediano.
Febrero       Jonathan Strange y el Señor Norrel de Susanna Clarke
                    El secreto de Gaudlin Hall John Boyne
Marzo          El asesinato de Sócrates de Marcos Chicot
Mayo           Tristana de Benito Pérez Galdos
Junio            La metamorfosis de Kafka
                    Madame Bobary de Gustave Flaubert
Agosto         La cajita de Rapé Javier Alonso García-Pozuelo
Octubre        El exorcista de Peter Blatty
Noviembre   La leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving
                     El cartero siempre llama dos veces de James M. Cain

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El cartero siempre llama dos veces de James M. Cain

Sinopsis:

Frank Chambers, un trotamundos sin empleo, narra en primera persona la atracción que siente por Cora Papadakis, la esposa de un emigrante de origen griego propietario de una taberna en California, y cómo se vuelven amantes unidos por el ardor y la ambición. Pero no será tan fácil librarse del viejo marido. Y habrá que contar, además, con el inescrutable destino: ese cartero que siempre llama dos veces. La fama de las dos versiones cinematográficas de esta extraordinaria novela, clásico entre los clásicos de la film noir, quizás haya podido ocultar la maestría de James M. Cain. Pero ni la película de culto filmada en los años 40 por Tay Garnett ni la rodada en 1981 de Rob Rafelson -protagonizadas por Jack Nicholson y Jessica Lange-, como tampoco la libre adaptación que de ella hizo Visconti en "Obsesión", logran superar tensión y el impacto que causa en el lector la lectura de la obra que Cain publicó en 1934. Hoy sigue siendo una de las cumbres espeluznantes del género negro. El argumento convoca pasiones desbordantes, codicia compulsiva, mentira ilimitada y un destino infranqueable, el material con el que James M. Cain ha pervivido como uno de los referentes de una literatura que resiste como pocas el paso del tiempo.

Opinión:

Esta reseña fue realizada para colaborar en la III Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.


Hoy voy a hablaros de, El cartero llama dos veces, o como se tituló en castellano, El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain.
Los motivos de elegir esta obra son varios, el principal es que la tenía pendiente desde hace mucho tiempo, desde el momento en que vi la película protagonizada por Jessica Lange y Jack Nicholson; quería comprobar si la obra en papel era igual de buena, si me transmitía las mismas vibraciones,ya que sobre todo el final, logró impactarme.
El segundo, es que hace muy poco me preguntaban como hacía yo para diferenciar una novela negra de una policíaca, si la diferencia se hallaba en si el protagonista era corrupto o no.
La verdad, es que yo no soy una experta, solo me considero una simple lectora que reflexiona sobre sus lecturas, pero no considero que sea necesario un investigador, ya sea corrupto o no, como elemento fundamental para clasificar una historia dentro de este género. Quizás los profesionales opinen lo contrario, pero para mí, hay otros elementos que la identifican de forma más clara, como por ejemplo, el ambiente decadente, pesimista e incluso trágico, que persigue a los personajes a lo largo de la novela.
Así que por ese motivo he elegido esta historia, como ejemplo de que la novela negra no tiene que tener indispensablemente una investigación por medio, porque como podréis comprobar si os animáis a leer esta novela breve, ese tipo de personajes, aquí, son meramente incidentales.

Para mí la novela negra va más allá de policías corruptos, detectives de escasa reputación, mujeres fatales y/o asesinatos cruentos.
Es cierto que hay un tipo de novela negra muy estandarizada, que gira alrededor de un individuo de fuerte personalidad con una investigación entre manos, puede ser detective, policía e incluso abogado o periodista. Alguien, que en algún momento se alejará de la legalidad o andará al filo de la misma, pero que ante todo busca destapar la verdad, luchar contra el delito.
Ese individuo puede recurrir a la violencia llegado el caso, puede ser fumador y bebedor empedernido, consumidor de drogas, e incluso sentirse atraído por alguna mujer fatal que hace todavía más peligroso su trabajo.
Pero todos los detalles mencionados hasta ahora, no son necesarios, y menos aún, que se den todos juntos.
Un detective no es indispensable para la novela negra, al igual que no es necesario un crimen para un libro policíaco, aunque lo cierto, es que con un cadáver de por medio la historia cobra vida, a pesar de lo contradictorio de la frase...

Hay otro tipo más de novela negra, cuando nos encontramos con un personaje protagonista que convence, incita o coacciona a otro para realizar algo turbio, arrastrándole a la ilegalidad, como por ejemplo en "Extraños en un tren" de Patricia Highsmith o ésta de la que vengo hoy a hablaros, de James M. Cain, donde tendremos un asesinato, pero realmente la intervención de la autoridad es mínima. Más bien, podríamos decir que la policía o más bien la justicia, es un ente que acecha a los personajes más en forma de remordimientos que apareciendo en escena.

Pero hay otros rasgos, quizás los más importantes que convierten a este tipo de historias realmente en novela negra. El principal es el ambiente sórdido que acompaña a la historia.
Los escritores se valen de los personajes para llevarnos a zonas de los suburbios, zonas marginales; nos muestran el alto grado de criminalidad, de prostitución, el tráfico de drogas o de armas, el chantaje, la pobreza o quizás tan solo, la corrupción política o moral.
Al margen de esto, la novela negra es un género que va evolucionando, adaptándose al momento, al lugar, a los avances tecnológicos, y sobre todo, muy influenciada por la situación política, social y económica que se narre en esa obra.

Podemos encontrar novela negra ambientada en Inglaterra, en Bélgica, España o en los países nórdicos entre otros, con esto quiero decir que no debemos limitarnos a las obras ambientadas en los años 40 o 50 en Estados Unidos; también habrá obras de principios del s. XX o de finales, y todas y cada una de ellas, a pesar de tener rasgos distintos o especiales, de regirse por diferentes normas sociales y culturales, tendrán otros que las encuadrarán dentro de este estilo, convirtiendo esta categoría en un género para el cual no existen límites.
Pueden decirse muchas más cosas sobre este tipo de novela, y siempre descubriríamos algo nuevo, nuevas características... así que creo que ya ha llegado el momento de hablar sobre el libro en cuestión.

Esta novela, en pleno siglo XXI, sigue siendo considerada como una de las mejores obras del género negro, y eso a pesar de su brevedad, ya que solo cuenta con 120 páginas, aunque hay que señalar que muy intensas.
Esa brevedad de la que os hablo, es algo que tenemos que tener en cuenta los lectores, porque va a marcar el desarrollo del argumento, reflejándose en las descripciones y diálogos.
A pesar de la corta extensión de las descripciones, James M. Cain va a conseguir una perfecta ambientación, que nos trasportará con maestría a ese entorno sobrio y cargado de obsesiones que perseguirá de forma fatal a Cora y Frank.
Y por otro lado, los diálogos van a destacar por su estilo directo, conciso, cargados de frases cortas pero contundentes, y con un lenguaje sencillo.

El peso principal de esta historia recae en la narración en primera persona que nos hace uno de los protagonistas Frank, pero no os olvidéis de un detalle importante sobre este tipo de narraciones, el uso de la primera persona siempre ofrece una opinión subjetiva. Nos muestran la versión que quiere dar el personaje y pueden engañarnos con su relato...
La exposición de Frank y los diálogos, serán el principal elemento narrativo de que dispondrá el autor, para hacernos captar el ambiente, la tensión emocional y sexual que sufren los protagonistas; para transportarnos a los escenarios y mostrarnos la infinidad de detalles, sobre los que se van construyendo las escenas.

Sobre los personajes os diré, que no cuenta con muchos.
Prácticamente la historia gira alrededor de un triángulo amoroso, por definirlo de algún modo, y aunque los protagonistas distan mucho de ser perfectos, sí destacan por su profundidad psicológica.
Como personaje principal y narrador, tenemos a Frank Chambers, un hombre bastante simple, un trotamundos peleón, pero cuyo mayor delito ha sido darse de bofetadas con los empleados del ferrocarril.
Nick Papadakis, es un emigrante griego y marido de Cora, juntos regentan un triste bar de carretera.
Y por último Cora, el personaje que según mi opinión más destaca, quizás porque lo vemos desde la narración subjetiva de Frank. Crea ante nosotros una delicada criatura, de ojos azules y piel blanca que resalta con lo oscuro de su cabello.
El autor juega a desconcertar al lector desde el comienzo, de esta forma nos encontramos con una Cora, cuya imagen ambigua nos hace pensar en un ángel o un demonio dependiendo de las escenas, y que evoluciona con la misma rapidez que pasamos las páginas.
Al comienzo parece ingenua, reservada e incluso sumisa, y termina convirtiéndose en una mujer capaz de cualquier cosa para librarse de su marido.
Pero... y aquí surge mi duda ¿quién seduce a quién? ¿Cora a Frank o es al contrario?, ¿y quién induce a librarse de Nick, es Frank o por el contrario es Cora, la inductora subrepticia?
Todos los datos que vamos obteniendo a lo largo del libro, nos hacen saltar de la culpabilidad de un protagonista a otro; la mentira se asienta como un personaje más en la relación, las dudas surgen y con ello, la desconfianza en la pareja. Por supuesto, también hay un gran espacio reservado en esta historia para la ambición, ese deseo intenso que se aparece frente a los personajes, tentándoles de distintas formas.

Y con esto termino, creo que es una gran historia a pesar de su brevedad. Con un argumento y un desarrollo brillante. Una novela digna de ocupar un hueco en vuestras bibliotecas.
Espero no haberos aburrido y recordad, esto tan solo son las reflexiones de un sencilla lectora, sin pretensión ninguna.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson

Sinopsis:

«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.»
Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque los otros miembros de la familia murieron envenenados allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

Opinión:

Siempre hemos vivido en el castillo, es un libro sobre el que existen opiniones de lo más dispares. Muchos lectores lo catalogan como obra maestra, mientras que otros por el contrario, no logran encontrarle la gracia ni el misterio.
Yo no me voy a posicionar en ninguno de los dos extremos, pero sí creo que es una novela que recomendaría, bastante curiosa, y en la que el lector toma partido, creando una historia paralela que es probable que al final diste mucho de la realidad...

La elección del narrador...
Lo primero que llama la atención es que Shirley Jackson utiliza un narrador en primera persona para hacernos llegar la historia.
La elegida va a ser Mary Katherine Blackwood, o Merricat como se la conoce coloquialmente. Ella va a ser el arma empleada para acercarnos a unos sucesos que ocurrieron seis años atrás.

Sabemos por la sinopsis lo que sucedió o más exactamente, parte de lo que ocurrió.
También conocemos que solo tres personas sobrevivieron, pero hay algo que se nos escapa al comienzo ¿quién fue realmente la mano ejecutora? y ese detalle, que en un principio parece sin importancia, va a dar mucho juego, porque nos llevará a analizar detenidamente cada una de las actuaciones de los personajes.
La narración parece apuntar, en concreto, hacia uno de ellos, pero en cambio nuestro pensamiento vuela sin querer hacia otro...

Merricat es un personaje que me desconcertó desde el comienzo.
Sabemos por la sinopsis que tiene 18 años, pero su forma de narrar y de actuar, parecen no corresponder con esa edad.
Es como si ella se hubiese quedado anclada seis años atrás, ya que su comportamiento parece más acorde al de una niña de doce años.
Constance, la hermana mayor aparece al comienzo como su protectora, pero según avance el relato empezarán a surgir también dudas alrededor de ella y sobre quién protege a quién.

No me canso de repetir el riesgo que existe, al fiarnos de un narrador en primera persona y creo que aquí tenéis un claro ejemplo.
Es cierto que un narrador en primera persona gusta a los lectores, crea una especie de lazo con nosotros, pero también debemos ser conscientes de que puede llegar a engañarnos. En este caso hay que aplaudir la elección, porque no podía haber sido mejor...
¿Merricat es ingenua, infantil, fantasiosa o manipuladora? ¿Nos ofrece un relato real o por el contrario, se esconde algo retorcido en sus palabras?
El caso es, que los lectores nos enfrentamos a un gran dilema... interpretar los datos, y justo ahí llega el problema...

Analizando el problema... 
Esperamos más de la narración, nos la pintan como terror gótico y nosotros dejamos volar nuestra fantasiosa imaginación.
Buscamos un terror semejante al que encontramos en Otra vuelta de tuerca de Henry James; algún indicio fantástico en esa atmósfera densa y sobria que se va dibujando ante nosotros, en una gama completa de grises.
Esperamos encontrar seres fantasmales, y en cambio lo que encontramos es algo normal y corriente, elementos frecuentes a nuestro alrededor: Maldad, crueldad, rencor, odio, egoísmo, envidia, y eso aunque no lo identifiquemos fácilmente, es terror al fin y al cabo, aunque de otro tipo.
Es cierto que aparecen pequeñas referencias a la magia protectora, a las supersticiones, pero simplemente, generadores de intriga empleados para despistar al lector del tema real.

¿Por dónde nos llega la intriga?
La intriga nos va a llegar desde varias fuentes.
Una de esas fuentes será el anciano tío Julián, que cumple con un papel importante, ya que irá aportándonos datos que recupera de entre su montón de anotaciones.
Una visión de como fue ese último día que compartieron la familia Blackwood al completo.

Sobre Constance y Merricat ya he hecho algunos apuntes breves, pero he obviado mencionar esperando este momento, que son dos personajes que aportarán suspense debido a su extraño y enfermizo comportamiento. Elementos que nos introducen en una atmósfera opresiva, de aislamiento, y que nos hará dudar de todo cuanto leemos.
En este punto, también podríamos hablar sobre la actitud, para nosotros extraña, de la gente del pueblo y por supuesto, de ese primo Charles que aparece casi a la mitad de la obra.
Como diría Karl Max, y haciendo referencia a ese comportamiento raro del pueblo...
 "Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado"

Y por último las elipsis. Esos silencios con los que se rellenan algunas de las escenas, esas sonrisas que se intercambian entre ellos y que contribuyen manteniendo la intriga hasta el punto final.

Shirley Jackson, es considerada como una de las pioneras del terror moderno, ya que muchos autores, entre ellos Stephen King, se inspiraron en sus obras.
Esta obra, la última que publicó en 1962, es una especie de tela de araña. Desde el comienzo tenemos todos los datos, pero queremos ir un paso más allá, encontrar alguna nota discordante que demuestre que no es real lo que se nos está contando. De esa forma nos acercamos al límite, y quedamos atrapados en la tela de araña, para descubrir que hemos sido engañados. Una búsqueda falsa de la realidad nos ha hecho perder la partida.

Shirley nos ofrece una voz narrativa potente, prescindiendo de monstruos terroríficos. Nos muestra al ser humano en todas sus facetas, adornado con un amplio abanico de emociones... y eso haciendo una lectura analítica da mucho, mucho miedo...


miércoles, 6 de diciembre de 2017

La caricia de la bestia de Cristina C. Pombo

Sinopsis:

En un bosque solitario, dos adolescentes son brutalmente atacados por un ser de una fuerza sobrenatural. En su declaración, ambos sostienen que el agresor es un zombi.
La inspectora Laura Tébar es encargada de la investigación. Se trata de una profesional de 55 años, brillante, solitaria  y con un carácter temible forjado en un pasado lleno de errores imposibles de remediar. Se la respeta y se la teme a partes iguales. Con Tébar, y a su pesar, comienza a trabajar el subinspector Merino, un joven tan inexperto como intuitivo y motivado.
Los dos no pueden ser más opuestos y no tardan en chocar. A través de la novela, el lector asistirá a un auténtico tour de force entre ambos personajes, que pasarán lo suyo antes de permitirse el mínimo respeto mutuo que les permita colaborar y enfrentarse a unos seres tan misteriosos como violentos, que atacan desde lo más profundo del bosque, parecen invulnerables y desaparecen sin dejar rastro. Cristina C. Pombo trama una intriga originalísima que supone una vuelta de tuerca en el thriller contemporáneo, un género en que parecía que todo estaba inventado y al que, sin embargo, le faltaba traspasar una última frontera que, literalmente, está en el más allá.

Opinión:

Creo que nos encontramos ante una de esas novelas, cuya sinopsis puede actuar como arma de doble filo.
A muchos de vosotros no os atraerá el hecho de encontrar en ella, la palabra zombi, y directamente obviaréis esta lectura, pero en cambio, para otros tipos de lectores, ese término puede ser un buen gancho y despertar la curiosidad lectora.
Por lo tanto, creo que este comentario debería ir dirigido especialmente a ese primer grupo, en el cual me incluyo, que huyen del género de casquería. Os ánimo por tanto a continuar con esta reseña, ya que estoy segura de que al final os va a convencer.

Cuando leemos o escuchamos la palabra zombi, nuestros pensamientos vuelan sin querer, a esas escenas, un tanto gore, que proliferan últimamente en series de televisión, cómics y/o novelas.
Esas hipnotizantes historias, nos transportan a un futuro cercano, a un escenario apocalíptico, donde los humanos somos diezmados por un virus o bacteria, que convierte a la mayoría de la raza humana, en esos seres, de fuerza sobrenatural y actitud extremadamente violenta, que buscan de forma incesante "alimento humano", y digo alimento humano entre comillas, haciendo un pequeño juego de palabras, no porque su alimentación se base en la tan alabada dieta mediterránea, sino más bien, porque nosotros somos su principal fuente de alimentación...
Y sobre esta premisa, vemos como las historias avanzan, muchas veces sin sentido, mientras que los pocos supervivientes convertidos en una raza en peligro de extinción, se resisten a formar parte del plato principal.

El resumen editorial, como podéis comprobar no puede ser más jugoso, aunque hablando de zombis como detonante de la narración, sería más apropiado sustituir esa palabra por sugerente o intrigante

Nuestra cerebro se activa y empieza a barajar suposiciones.
La primera pista sobre el desarrollo lo encontramos en que en la página de la editorial, se cataloga el libro como novela negra, por lo tanto ya sabemos que nos vamos a enfrentar a una lectura poco corriente y con un argumento inusual.
La segunda es que la trama se sitúa en España, concretamente en Grazalema, en la sierra de Cádiz, y amigos lectores, siendo realistas y esto lo digo en "petit comité",  esas cosas de zombis, no pasan aquí en España. Aquí tenemos fantasmas, almas en pena, pícaros y mucho sinvergüenza, pero zombis, lo que se dice zombis, va a ser que no. Por lo tanto debemos anteponer la razón y recordar dos refranes, que de eso si vamos sobrados por estos lares, "No es oro todo lo que reluce" y "Las apariencias engañan".

Aclarado esto y retomando el hilo, el relato nos lleva hasta Andalucia, y lógicamente tanto los protagonistas principales como los lectores, vamos a intentar encontrar el sentido lógico a esa situación que se narra al inicio y que nos deja, prácticamente sin aliento.

El terror o la angustia que nos atrapa desde las primera páginas, va a dar paso a un thriller con una investigación de fondo, dividiendo el argumento en cuatro partes, con un total de 88 capítulos muy breves, a lo largo de los cuales, os avanzo, que la intriga irá en aumento.
La racionalidad como he dicho intentará imponerse sobre los indicios, y poco a poco sobre hipótesis, se configurará un argumento original pero sobre todo bien urdido.
Y es que, todos los hilos están bien atados, en ningún momento se dejan detalles en manos del azar, y eso es algo muy bueno para un libro y para sus lectores.

Los giros argumentales se convierten también en elementos fijos en esta historia, manejados con acierto.
La autora, juega con nosotros y mayormente con la sorpresa, hasta tal punto, que en algún momento me dejó literalmente con la boca abierta.

La relación entre los dos protagonistas es otro de los puntos fuertes. Una relación, que al comienzo se nos presenta bastante tensa.
Ambos personajes son de fuerte carácter y no acostumbran a ceder, dando juego para que Cristina C. Pombo, configure una serie de diálogos y actuaciones bastante intensas.

"—Vale, vamos a ver—retoma Tébar, volviendo a su hieratismo—, si tú me dijeras que vienes de pescar y acabas de ver, con tus propios ojos y sin lugar a dudas, a un ser en medio del agua, con una potente y brillante cola de pez, unida de forma indisoluble a un tronco de mujer, y que nadaba y se zambullía dejando claro, por los tiempos de inmersión, que el agua era su medio natural, y yo te dijera que eso se llama sirena, ¿quién está loco? ¿El que afirma ver un ser que no existe o el que da la denominación correspondiente?
Cons la mira unos segundos.
—Y entre una persona que intenta buscar una explicación racional a una realidad y otra que, como no entiende dicha realidad, se limita a negarla, ¿quién es el loco?—pregunta él."

Nos ofrece un dúo que al principio se repele y atrae a partes iguales, pero que están destinados a entenderse.
Se supone que el lector ante algunas situaciones debe posicionarse a favor de uno u otro, es a lo que nos tienen acostumbrados la mayoría de autores, al igual que es inevitable que en el lector se despierte un mayor afecto por alguno de ellos; pero en esta historia nos va a resultar imposible elegir.
Yo, al comienzo, no sabía por cual de ellos sentirme más atraída, los dos son de fuerte personalidad, pero también sufren una interesante evolución. Al final terminas adoptando a ambos, adorándolos por igual.

Pero hay otro detalle que no debo olvidarme de mencionar, antes de terminar, y que hace referencia a esa evolución de los personajes que he mencionado en el párrafo anterior.
La autora a pesar de que la investigación no se detiene en ningún momento, dedica un tiempo a cada personaje.
Hay espacio para las relaciones personales, para su pasado, lo que viene a complementar el perfil que ya nos hemos podido crear de ellos y además de entretener, nos distrae del asunto principal.
Los personajes poco a poco van humanizándose ante nuestros ojos, volviéndose reales.
Entramos en contacto íntimamente con la Inspectora Laura Tébar, con una mujer que pasados los cincuenta sigue sintiéndose muy viva, activa y sobre todo válida, pero que siente como tiene que demostrarlo día a día.
El subinspector Merino, llamado Cons, es su complemento ideal aunque le cuesta reconocerlo.
Un chico más joven, con instinto y que no duda en arriesgarse a la menor ocasión.
Ambos personajes tienen algo en común, y es que Merino, a pesar de su aspecto juvenil, también quiere demostrar que es un buen policía, por ese motivo vamos a ser testigos de como intentan robarse el protagonismo a la menor oportunidad.

Y poco más me queda por decir, salvo desearos ¡bon appétit! y tranquilidad a la hora de degustarla...
Supongo que esto último habrá sonado un poco macabro, pero tratándose de muertos vivientes, es lo que hay...